El Partizan de Fuenlabrada: la magia del baloncesto (y II)

Una delegación de fuenlabreños aterrizó en el aeropuerto de Belgrado el 12 de Marzo de 1992. Quedaban escasos meses para los Juegos Olímpicos y Yugoslavia todavía no sabía que la ONU no iba a permitir su participación por crímenes de guerra. Y todavía peor, que sí que lo harían Croacia y Eslovenia. Pero aquel día era para ellos, era para disfrutar de un equipo que hacía meses que no disputaba un partido oficial en Belgrado ante su afición. Casi 5000 personas llenaron el Hala Sportova hasta colgar el cartel de no hay tickets en la taquilla. El único motivo de orgullo había vuelto a casa y necesitaba el apoyo de todos ellos.

El partido fue diseñado para Danilovic. El hombre con mayor porvenir en el panorama baloncestístico respondió con creces a las expectativas creadas y Partizan sufrió relativamente poco para sumar el primer punto del play-off [78-65]. El reto más duro empezaba ahora: Partizan viajaba a Italia con el objetivo de ganar un partido, uno solo, para poder así acceder a la segunda Final Four de su historia, después de tercer puesto logrado en el año 1988. Lo consiguió. En el último partido, el tercero y a la heroica, pero compró en Italia un billete directo a Estambul.

La organización de la Copa de Europa, todavía reacia a ofrecer una final entre dos equipos del mismo país, obligaba por normativa a una semifinal entre Estudiantes y Joventut de Badalona. Antes, a las siete de la tarde hora local, Partizan se vería las caras contra otro enemigo italiano, Olimpia de Milano. Con Estambul como testigo, la lucha por el primer cetro europeo post Yugoplastika Split empezaba.

Serbios e italianos practicaron un baloncesto ofensivo con el duelo entre Pedrag Danilovic y Darryl Dawkings como máximo exponente del juego. El alero bosnio se fue hasta los 22 puntos y 10 rebotes por los 21 tantos y 19 capturas del pívot americano. Era la tercera vez en la temporada que Olimpia y Partizan se veían las caras y en todas ellas Danilovic se fue hasta los 21 puntos con el tope en el partido celebrado en Fuenlabrada donde anotó 31. Al descanso los hombres de Mike d’Antoni vencían por 4 puntos, 31-35 pero un parcial de 11-2 al iniciar el segundo periodo dejó a Partizan como favorito. Con Dragutinovic frenando los intentos de un Riva al que dejaron en 14 puntos y solo tres tiros anotados, surgió la figura de Djordjevic y sus dos triples consecutivos. Partizan rozaba la final del jueves y soñaba a lo grande. Si hemos llegado hasta aquí, ¿por qué no? La victoria se cerró en 82-75. Partizan iba a jugar una final de la Copa de Europa. Belgrado seguía involucrada en una de las mayores guerras de la segunda mitad de siglo pero por una noche, nueve jugadores, ocho serbios y un croata, iban a ser muy felices.

Triple Sasha Istambul

El rival sería Pinturas Bruguer Badalona, aquel conjunto español que fue abucheado en Fuenlabrada al jugar contra Partizan y que en semifinales, con un Villacampa pletórico, pasó por encima de Estudiantes. Junto a él, los hermanos Jofresa o Harold Pressley hicieron que el conjunto estudiantil no pareciera más que un juguete: 91-69 y ni una opción. La cita a las nueve de la noche después de que Olimpia se llevara el partido que nadie quiere jugar por el tercer puesto (99- 81) ante Adecco Estudiantes.

Del partido poco a destacar. Muchísima presión en la que podía ser la primera Copa de Europa para los dos equipos, errores y un juego lento. Porcentajes mediocres de tiro que solo se salvaban desde más allá de la línea y sobretodo muchas pérdidas de balón. Intercambios de golpes entre los hombres más poderosos, Pressley se fue hasta los 20 puntos por los 25 de, otra vez importante, Danilovic, que tuvo que abandonar el partido antes por cinco faltas personales. Pero la esencia del partido, del torneo entero y quizá del baloncesto moderno se reduce a los últimos treinta segundos. Con empate a 68 en el marcador. Morales fallaba el tiro libre del 1+1 pero un palmeo de Corny Thompson le daba el balón a la Penya para la penúltima posesión de partido. Tomás Jofresa anotaba en una penetración imposible y a 10 segundos para el final se situaba dos puntos arriba en el marcador. Koprivica sacó de fondo y solo encontró a un jugador, un base con todavía pelo en la cabeza. Ahí acabó todo.

La determinación con la queSashaDjordjevicagarró el balón en su propio campo, oteando el horizonte y con la mirada fija en la línea del 6,25. Sabiendo perfectamente donde está situado el aro, conociendo el campo, sus posibilidades y la posición de los dos defensas que le intentan cerrar el paso. No deja de ser eso, un mero intento. Una parada en un tiempo técnicamente algo heterodoxa a la altura del triple, eleva a Sasha el tiempo suficiente como para poder situar su tronco superior encarado hacia la canasta y convertir un salto asimétrico en un clínic de tiro. La cintura girando sobre si misma, las manos marcando la T que de pequeño te exigen para tirar y con un pie señalando al norte y el otro al oeste del Abdi İpekçi Arena, el momento es perfecto. Sin importarle lo más mínimo tener justo debajo a Tomás Jofresa y a Juan Antonio Morales, es el apetito voraz de un ganador insaciable. Es el momento en el que aquel jugador que siempre vivió a la sombra de la Yugoplastica Split en la liga doméstica y de Drazen Petrovic en la selección nacional se convirtió en un ganador por excelencia. El triple, como otros muchos cientos en su carrera, entró. A José María García se le escapó la mejor definición que jamás han hecho del base serbio, un contundente “la madre que lo parió” en Antena 3 Radio. Partizan era campeón de Europa. Fuenlabrada era, de alguna manera, campeona de Europa.

Partizan WIN

Un tiempo más tarde, con la llegada del verano, el equipo al completo decidió volver al Fernando Martín a homenajear a todos aquellos que durante un año, convirtieron el pabellón madrileño en la cuna del baloncesto serbio. La periferia de Madrid se quedó impregnada en la memoria de todos ellos. Djordjevic jugó en la capital, en las filas del Real Madrid, y Nikola Lonkar, uno de los jugadores más jóvenes de aquel Partizan, acabó siendo la estrella del mejor Estudiantes del nuevo milenio. Pero quizá quien más quedó prendado por aquella historia fue José Quintana, en 1992 alcalde de la localidad y actualmente presidente del Baloncesto Fuenlabrada. Desde aquel año, el club de la ciudad logró dos ascensos en las cuatro siguientes temporadas y desde 1996 solo se ha perdido dos años la participación en la máxima categoría española. Siempre que a Zeljko Obradovic le preguntan por él, admite que desde entonces existe una gran amistad. Él ganó un amigo y Fuenlabrada una Copa de Europa. Es la magia del baloncesto.

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