Messi… ¿y luego qué?

Guardiola se examinó ante su mejor y mayor creación y perdió. Y lo peor es que sabía que iba a pasar. Messi es imparable con espacio, tiempo y el balón; y a sus casi 28 años, ya es letal incluso sin ellos. Ya no corre mirando el balón pegado a su bota izquierda esquivando rivales como si de gnomos de jardín se tratara; ahora trota por el campo con el gatillo listo para dibujar un pase preciso, precioso, una diagonal capaz de dislocar al completo a la mejor defensa. Un regalo de Navidad cada domingo para que el mejor de todos haga a todos mejores. Imaginarlo es más fácil que ponerlo en práctica.

Jugador total es un eufemismo a la hora de hablar del mejor jugador que todos los nacidos después de 1980 hemos podido saborear, Messi es una delicia para todos los sentidos y una ofensa para las comparaciones. Superlativo es la palabra que más se acerca a definir la figura de Messi a falta de nuevos adjetivos por hallar. Y a falta de palabras, gastadas todas las imágenes, regates, goles, asistencias, sonrisas y llantos, canciones y versos rimados en consonante, solo nos queda imaginar. ¿Qué sería del Barça sin Leo? ¿Qué sería del fútbol sin Messi? Y lo peor de todo, la parte más cruel y la vez la más real, la que nadie se quiere plantear, ¿qué será del fútbol sin Messi?

No será lo mismo, evidentemente. Tampoco lo fue tras Di Stefano, Cruyff o Maradona, pero nos levantamos (os levantasteis). Costará lo suyo, pero juntos, con paciencia, muchos recuerdos y la ayuda de YouTube pasaremos página, no sin melancolía, comparaciones odiosas y la certeza de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Y lo peor de todo, la vuelta al 0-0. A lo mundano, a lo regular. Al futbol como deporte y no como vía de escape de la vida aburrida de la que Messi nos ha hecho escapar durante tantos años.

Leo nos ha acostumbrado a marcar la diferencia de una manera tan y tan y tan [podría seguir] extravagante que hemos convertido lo extraterrestre en común. El gol a Boateng, por citar el último milagro de Messi, es una pieza maestra del mejor pintor, una sinfonía de autor y la escultura de canon 8 a 1, todo en uno. Y se acabará algún día. Todas sus versiones, su evolución de extremo temible a futbolista total, pasando por goleador impasible o tirano absolutista, todas ellas llegarán a su fin de la noche a la mañana. Cuando Messi se canse de hacer aquello para lo que un día nació: jugar al fútbol.

Vendrán otros, muy buenos. Casi tan buenos como él [lo dudo]. Habrá docenas de “nuevo Messi” cada temporada, en la cantera del Barça, en la del Madrid, en las ligas regionales de Argentina. No, señores, no. Estamos viendo la historia, estamos presenciando pedazo a pedazo, partido a partido, jugada a gol, como el mejor jugador del mundo, el mejor futbolista desde Maradona [y al que servidor ha visto] se convierte en la estrella que eclipsa a cualquier otro rastro de luz en el firmamento más lejano. Cristiano sin Messi habría sido grandioso, con él solo es el mejor de los terrícolas. Y no es ninguna descalificación hacia el luso.

Que no se nos olvide cada partido, que no pasemos por alto que La Pulga tiene 28 para 29 en verano, pero que lleva más de 10 temporadas en la élite y que, él mismo no lo quiera, cualquier Junio podría ser el último. Le queda cuerda para rato, está claro, pero no quiero pensar que puede pasar el día que lo deje. Messi, ¿y después qué?

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